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domingo, 31 de mayo de 2015

Los "neocomunistas" se están apropiando de nuestros valores morales y éticos

Dos "neocomunistas" que hubiesen justificado el aborto en su día
Los falsos políticos de izquierdas, los neocomunistas, están “lavando” mentes humanas hasta el punto de “o piensas como yo o de poco o nada vale lo que tu pienses”. Si al aborto, no a los toros, si a dejar libres a los presos, no rotundo a la iglesia, el dinero en “sus manos”, no a la propiedad privada, etc. Justo, justo esto pasó poco antes de la guerra civil española. Deja mis valores como la vida me los ha configurado o te dejo sin los tuyos con encefalograma plano, no hay valores.

Así, el ser humano se ha quedado desnudo de verdades de todo tipo, ignorando su ignorancia y pavoneándose en sus muchas o pocas riquezas, sin echar de menos la excelencia, la benevolencia, la solidaridad, la simpatía, el conocimiento de las cosas y de las causas y todos los elementos de una vida feliz.

En la sociedad actual hay que saber distinguir entre valores morales y éticos. Los valores morales, las normas morales proceden, generalmente, de las tradiciones, o son resultado de creencias políticas o religiosas.

En realidad, todos somos animales morales, pero dicho estado solo indica que necesitamos ser sociales en un sentido y otro, ya que las "normas" no vienen con nosotros al mundo. Aristóteles dijo, para ser justos es necesario practicar la justicia. O lo que es lo mismo, tiene que "enseñarse" o estimularse la justicia, como tiene que "enseñarse " y "estimularse" el habla, ya que, de lo contrario, permaneceríamos mudos; si hablamos castellano o inglés no es por algún tipo de transmisión genética o cuestión de raza o sangre. Hablamos la lengua en que hemos sido socializados, generalmente por puro azar.

Una lengua no tiene que ser mejor que otra y una norma moral en principio no tiene que ser superior a otra siempre que todas se ajusten a los códigos establecidos.
Sin embargo, no todos los códigos establecidos son buenos, los hay peores y malos. En atención a lo que es la condición humana, a sus aspiraciones y deseos ilustrados, desde la óptica de la imparcialidad.

Los códigos actuales y las normas morales que de ellos emanan han de ser medidos, justificados y juzgados desde las normas éticas que emanan de la ética, que es una disciplina del conocimiento consistente en la reflexión desinteresada y en el desarrollo de la empatía y la imparcialidad.

Desde la ética examinamos las leyes y normas morales vigentes y decidimos cuál merece calificarse como norma ética. Pero saber qué es la ética y las normas éticas es una cuestión muy compleja a la que no suele dedicarse el tiempo preciso.

Si de algo peca la sociedad actual es de ingenuidad al creer que la "libertad" "el pluralismo " y la "tolerancia " son los valores que hemos de respetar por encima de todo.

Hay muchas clases de "libertad", de "pluralismo" y de "tolerancia", y todas no son igualmente buenas desde un punto de vista ético. Hay que matizar una y otra vez, ver las cosas desde la distancia debida sin dejarse cegar por las más cercanas, como pedía Hume, para alcanzar ese sentimiento peculiar que denominamos sentimiento moral.


Hay que aprender a ver a los demás, con sus necesidades, anhelos y aspiraciones. No bastan en absoluto los resultados de las votaciones, donde en general el porcentaje más alto de votantes está movido por el egoísmo, el prejuicio, la opinión pública, etc.
Por supuesto, tampoco vale el rey filósofo de Platón, sino que hemos de aspirar a una sociedad donde todos sean reyes filósofos, donde TODOS participen de la sabiduría, el poder, la benevolencia, la justicia y todas las cosas gratas de la existencia. Han de tomarse las decisiones sobre la base de la sabiduría de todos, no basándose en la opinión casi siempre equivocada de una mayoría. Vivimos en una sociedad contradictoria y confusa donde, "muerto" Dios, parece ser que todo está permitido. La libertad parece uno de los valores en alza, permitiéndole a cada uno que haga lo que quiera con su vida siempre que no perjudique a los demás, cuando la libertad profunda y bien entendida es aquélla en la que cada uno puede hacer lo que quiera con tal de que con ello beneficie a los demás.

Dos valores éticos parecen estar apagados o a punto de extinguirse: El cultivo de la excelencia propia y el amor benefactor hacia todos los seres vivos. Y estos valores éticos son deberes superrogatorios (excesivos), rechazados por el liberalismo contemporáneo, aunque representen, desde otra apariencia, el propio corazón de la ética.
Vivimos una moral individualista que justifican las mayorías ilustradas o no, generosas o míseras, pacifistas o terroristas.
Es cierto que se han perdido las "buenas formas" en una medida importante y que aparece un tanto de insolencia entre los más jóvenes, muchas veces engreídos, con una arrogante ignorancia e inexperiencia.

Sería injusto no indicar que esta característica de autosuficiencia define también a los no tan jóvenes y a los decididamente maduros.

Lo importante es que, de alguna manera, se ha superado la ingenuidad del pasado que tomaba las palabras del anti-ilustrado cura párroco, sus dogmas y sus verdades como la única verdad. Ahora los que no creen en una fe religiosa vuelven a ser tan ingenuos como para pensar que todo es relativo y no existe verdad axiológica ni de ningún otro tipo.
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