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sábado, 28 de marzo de 2015

Jean-Paul Sartre, símbolo de la verdadera izquierda, negó el Premio Nobel (1964) para ganar más dinero.

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Jean Paul Sartre con mayor o menor acierto cara a la galería, en 1964 rechazó el premio nobel de Literatura.  “Lamentó públicamente que su rechazo al Nobel hubiera dado pie a un escándalo y contó que había intentado evitar que él fuera el premiado mediante una carta a la Academia Sueca. El autor de La náusea expresó que su rechazo no tenía la intención de denigrar a la Academia, sino que se basaba en razones objetivas y personales. Creía que al aceptar estos reconocimientos, los autores quedaban asociados para siempre con las instituciones que los homenajeaban. Decía que un escritor no debería permitir que su nombre se convirtiera en una institución que pudiera ser usado con intenciones más allá de su voluntad individual.


Jean-Paul Sartre (21/06/1905-15/04/1980) fue el mejor filósofo existencialista francés, dramaturgo, novelista, guionista, activista político, biógrafo y crítico literario. Su obra sigue influyendo en campos como la filosofía marxista, la sociología, la teoría crítica y estudios literarios. El existencialismo de Sartre es un humanismo presentado originalmente como una conferencia. VIDA TARDIA Y MUERTE. En 1964, Sartre renunció a la literatura en una ingeniosa y sarcástica de los primeros diez años de su vida, Les mots (Las palabras). El libro es una respuesta vigorosa ironía a Marcel Proust, cuya reputación había inesperadamente eclipsó la de André Gide. 

La literatura, Sartre llegó a la conclusión, en última instancia, funcionaba como un sustituto de la burguesía de un compromiso real en el mundo. Como un hombre, si un tal Jean-Paul Sartre es recordado, me gustaría que la gente recuerde el medio o situación histórica en la que vivía, ... cómo se vivía en ella, en términos de todas las aspiraciones que he tratado de recoger dentro de mí. Condición física de Sartre deteriorado, en parte por el ritmo implacable de trabajo (y el uso de drogas por esta razón, es decir, las anfetaminas) se puso a través durante la redacción de la Crítica y una biografía masiva de análisis de Gustave Flaubert (El idiota de Familia), tanto de las cuales quedaron inconclusas. Sartre llegó a ser casi completamente ciego en 1973.Él murió el 15 de abril de 1980 en París de un edema de pulmón. Sartre se encuentra enterrado en el Cementerio de Montparnasse, en París. Su funeral fue muy concurrido, con las estimaciones del número de asistentes a lo largo de la marcha de dos horas que van de 15.000 a más de 50.000. PENSAMIENTO, La base del existencialismo de Sartre, se puede encontrar en La trascendencia del ego en el que dice que la cosa en sí misma es infinita y desbordante. Sartre se refiere a cualquier conciencia directa de la cosa en sí misma como una "pre-reflexivo conciencia." 

Cualquier intento de describir, comprender, etc historizar la cosa en sí, que Sartre llama "conciencia reflexiva". No hay camino para la conciencia reflexiva de subsumir la pre-reflexivo, por lo que la reflexión está destinado a una forma de ansiedad, es decir, la condición humana. La conciencia reflexiva en todas sus formas, (científico, artístico o de otro tipo) sólo se puede limitar la cosa en sí en virtud de su intento de comprender o describir la misma. De ello se desprende, por tanto, que cualquier intento de auto-conocimiento (conciencia de sí mismo-a la conciencia reflexiva de un infinito desbordamiento) es una construcción que no, no importa la frecuencia con que se intenta. 

La conciencia es conciencia de sí misma en la medida en que es la conciencia de un objeto trascendente.Lo mismo puede decirse sobre el conocimiento del "otro". El "Otro" (que significa simplemente seres u objetos que no son uno mismo) es una construcción de la conciencia reflexiva. Una entidad volitiva debe tener cuidado de entender esto más como una forma de advertencia que como una afirmación ontológica. Sin embargo, hay una implicación del solipsismo aquí que Sartre considera fundamental para cualquier descripción coherente de la condición humana. Sartre supera este solipsismo por una especie de ritual. Conciencia de sí mismo las necesidades de "los otros" para demostrar (mostrar) su propia existencia. Tiene un "deseo masoquista" a ser limitado, es decir, limitada por la conciencia reflexiva de otro sujeto. Esto se expresa metafóricamente en la famosa línea de diálogo de la puerta cerrada, "El infierno son los otros." Sartre afirma que "Con el fin de hacerme reconocido por el otro, debo arriesgar mi propia vida. Arriesgar la propia vida, de hecho, es uno mismo revela como no-ligado a la forma objetiva o de cualquier determinado la existencia-como no- vinculado a la vida ", es decir, el valor de el reconocimiento del otro de mí depende el valor de mi reconocimiento del Otro. En este sentido, en la medida en que el Otro me aprehende como unido a un cuerpo y se sumerge en la vida, yo soy sólo uno de los otros, como yo.

La idea principal de Jean-Paul Sartre es que somos, como seres humanos ", condenado a ser libre."Esta teoría se basa en su creencia de que no hay un creador, y se forma con el ejemplo del cuchillo de papel. Sartre dice que si uno considera un cuchillo de papel, es de suponer que el creador hubiera tenido un plan para ella: una esencia. Sartre dijo que los seres humanos carecen de sentido antes de su existencia porque no hay un Creador. Por lo tanto: "la existencia precede a la esencia" Esta es la base de su afirmación de que ya no se puede explicar sus propias acciones y el comportamiento de cualquier referencia a la naturaleza humana específica, son necesariamente toda la responsabilidad por esas acciones. "Estamos solos, no tienen excusa"

El 14 de octubre de 1964 Jean-Paul Sartre, a esas alturas reconocido filósofo y escritor que rozaba los 60, envió una carta a la Academia Sueca (que además de los Nobel se ocupa de defender la pureza del sueco, por cierto) pidiendo que no se le concediera el premio. Los miembros de la Academia no hicieron caso y pocos días después anunciaron al autor francés como ganador de Nobel de Literatura de aquel año. Sartre se reafirmó en su decisión, lamentando “profundamente” que el hecho se convirtiera en un escándalo.

Los rumores sobre una probable concesión del Nobel de Literatura a Sartre saltaron a los periódicos pocos días antes de que la Academia Sueca se pronunciara. Nada más leer sobre ellos, el filósofo envió su comunicado al secretario permanente de la institución. En ella declaraba que su objetivo era “evitar un malentendido”. “Por razones que me son personales y por otras que son más objetivas, no quiero figurar en la lista de posibles laureados y ni puedo ni quiero, ni en 1964 ni después, aceptar esta distinción honorífica”.

 Habían sonado otros nombres –incluido el de Borges, que por aquellos años andaba siempre en las quinielas– pero la Academia Sueca tomó su decisión en firme, a pesar del escrito enviado por el intelectual francés. “Por su trabajo, rico en ideas y lleno del espíritu de libertad y de la búsqueda de la verdad”, así se justificaba la designación del galardón el 22 de octubre, reconociendo la fuerte influencia que sus textos habían tenido a lo largo de las décadas pasadas. La institución no dejó de señalar que el premiado había declarado que no aceptaría el Nobel, pero insistió en que esta postura no invalidaba el premio.


El filósofo francés divide sus argumentos en dos. Las razones anteriores son personales, pero también tiene otras que califica de objetivas. Estas se resumen en su activismo político a favor de la causa del socialismo. “La única batalla posible hoy en el frente cultural es la batalla por la coexistencia pacífica entre las dos culturas, la del Este y la del Oeste”, afirma. Aboga por el acercamiento entre los dos bloques que libraban la Guerra Fría, pero piensa que este movimiento tenía que ocurrir sin las instituciones de por medio, entre los ciudadanos y las culturas.
De ahí el deseo de Sartre de mantenerse independiente de las instituciones. En la carta afirma también que si le concedieran el Premio Lenin –que se otorgaba por méritos tanto en las artes como en las ciencias–, se vería igualmente obligado a rechazarlo. Posteriormente en una entrevista aclarará un poco más su punto de vista: “Como he estado políticamente comprometido, la sociedad burguesa quiere cubrir mis errores pasados, ve una posibilidad de admisión y me dan el Premio Nobel. Me perdona y considera que tengo derecho al Premio Nobel. Es monstruoso”.

Curiosamente De Gaulle haría después un ejercicio de perdón con Sartre cuando este se implicó en los levantamientos de Mayo del 68, declarando con un orgullo muy francés “no se puede meter a Voltaire en prisión”.

Ni que decir tiene, la carta de Sartre no aplacó la polémica sino todo lo contrario. Lo acusaron de altanero, de creerse demasiado bueno o íntegro como para estar por encima de estas cosas. La prensa rosa no dejó de hincar el diente en la relación con su compañera, la también escritora Simone de Beauvoir, publicando que el novelista había rechazado el Nobel para que ella no sintiera celos.
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