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lunes, 27 de octubre de 2014

OPERACIÓN PÚNICA: La corrupción política incita, por indignación, a la violencia de los ya dañados ciudadanos.



Operación púnica

Tenía la sensación de que Rajoy y “este del PSOE” de cuyo nombre no quiero acordarme, políticamente, estaban muertos a disposición del pueblo. Aunque hay que reconocer que fue digno, lo de Rajoy, como para pasar a la historia de la falsedad y la mentira ese  desmentido directo y brutal a su forma de echar cubitos de hielo en el incendio que está abrasando España. Rajoy, que ya sabía  “los sucesos de hoy” venía de decir en una de esas convenciones de partido los fines de semana de semana que la corrupción en España es cosa de unos pocos, que no debe atribuirse al conjunto del país y que hay que hablar bien de esta nación. Es decir, una fórmula muy mariana de rebajar la fiebre, de dar aspirinas a un enfermo de ébola y de ir tirando hasta que la recuperación económica nos haga olvidar todo lo demás.

A las pocas horas de endulzar la situación con sacarina presidencial, venía el nuevo mazazo con alguna que otra sorpresa por su parte: la redada en la que cayeron seis alcaldes, un presidente de diputación, un entramado de empresarios y funcionarios y el señor Granados, que tuvo altas responsabilidades en el Partido Popular y en la Comunidad de Madrid. Un golpe serio, con muchos parecidos a la vieja operación Gürtel; una trama organizada para delinquir y obtener contratos y concesiones que se calculan en 250 millones de euros; un escándalo para añadir a la copiosa lista de escándalos que tienen estremecido a este país.

A pesar de todo, pueden ser pocos los corruptos, como dice el presidente. Pero son el pan de cada día. Son el desayuno informativo de cada mañana. Pueden ser comportamientos del pasado, como también se dice desde el Partido Popular. Pero caen sobre la sociedad manchando la vida pública de ahora. El panorama político es el de una clase dirigente pringada, ladrona, merecedora de estar en la cárcel. Y esos pocos, que ya no son tan pocos, manchan a todo el país, destrozan su imagen y crean una imagen de latrocinio general y socavan el ya deteriorado prestigio de los servidores públicos. Los más honestos, que son la inmensa mayoría, no se libran de esta funesta contaminación.

Al conocer la noticia de las detenciones, especialmente, la de Francisco Granados, que pasaba por ser un luchador contra la corrupción, un impulso primario animaba a decir que el ambiente ya es insoportable. Y lo es. Absolutamente insoportable. Y las consecuencias, perniciosas para el país. Tiene razón el PSOE al argumentar que en estas condiciones no se puede hacer un pacto contra la corrupción que, además, carecería de credibilidad. Tienen razón los que piensan que cada episodio aporta un cargamento de votos a los populismos.


En verdad,  tienen razón quienes acusan a Rajoy de ser excesivamente blando ante los delincuentes. Lo que hoy pide la sociedad no es que se rebaje la importancia de los hechos. Lo que pide es un rechazo contundente. Policial y judicial. Y mientras tanto, con toda dureza verbal. ¡Váyanse al Caribe todos los políticos actuales y anteriores, España os lo agradecería¡





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