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martes, 24 de junio de 2014

Reforma fiscal o primer guiño electoral del Gobierno.

Reformas y reformas, una mala para el ciudadano y la otra peor para el colectivo de afectado. La última, aprobada en Consejo de Ministros (20 de Junio), la bautizan como Reforma Fiscal que, precisamente, no fiscaliza nada. Pero, en España, quien no es Quijote forma parte del consejo de sabios, por tanto, todo se admite con pitos y aplausos dependiendo de hacia dónde se incline lo reformado.  la misma, ha supuesto sonrisas y lágrimas, metafóricamente hablando. Para unos es  ocurrente y bizarra. Supone una bajada impositiva, lo que puede provocar una reactivación del consumo privado que beneficie la actividad económica. Piensan o quieren pensar que va a devolver protagonismo a los ciudadanos, reduciendo el esfuerzo fiscal al que se han visto sometidos en los últimos años, permitiendo mejorar su poder adquisitivo. A la vez que facilitará que autónomos y empresas realicen sus actividades en unas mejores condiciones fiscales. Mejorará el poder adquisitivo de los ciudadanos, lo que se traducirá en un incremento del consumo y la demanda, y en una mejora de la actividad y del empleo en nuestro país.
Algunos de los puntos considerados básicos y fundamentales son  la no subida del IVA, la rebaja de las retenciones a los autónomos, y el mantenimiento de los módulos.
También hay quienes sin lugar a dudas la califican de regresiva, insuficiente e injustificada. Revelan que la progresividad es la gran descalabrada al reducir de siete a cinco los tramos actuales. Esta medida, junto con la reducción de los tipos marginales, afecta negativamente a este principio constitucional porque los principales beneficiados, apenas superarán los 70.000 contribuyentes que ingresan más de 150.000 euros anuales y que suponen en torno al 0,3% de total de declarantes. Sin embargo, los 11,5 millones de trabajadores y pensionistas que ganan menos de 11.200 euros anuales no se verán afectados por la rebaja fiscal propuesta por Moncloa, ya que actualmente no tributan. “El Gobierno, al no bajar otros impuestos que soportan los ciudadanos, como el IVA o los impuestos sobre los Hidrocarburos o la Electricidad, no puede afirmar con rotundidad que la presión fiscal haya bajado para todos.
Para los sindicatos, la reforma tiene un claro tinte electoralista, por lo que lanza un mensaje de rebaja de impuestos, pero no aborda un cambio de fondo del sistema sino que fortalece muchos de sus problemas, como la diferencia de trato entre las rentas del trabajo y del capital, y beneficia a los que más tienen. “La reducción del tipo general de gravamen del Impuesto sobre Sociedades del 30 al 25 por ciento en dos etapas nos parece una medida inoportuna en estos momentos, en los que se precisa consolidad un sistema potente en términos recaudatorios”, señalan desde el sindicato. Y apuesta por otra reforma, de mayor calado, basada en tres ideas clave: la garantía de suficiencia de recursos para atender las necesidades sociales y las políticas de gasto público; un reparto más justo de la carga feudataria entre capital y trabajo.
Bajo mi punto de vista es como las anteriores reformas, un engañabobos del misterio Rajoy, solo que esta vez con subjetividad y oscurantismo electoralista. Sin haber tocado el conjunto del sistema impositivo, no se puede vaticinar a quién beneficia; Así como tampoco se puede decir que Rajoy y los suyos hayan bajado los impuestos porque, los contribuyentes que ganan menos de 11.200 euros al año -el 47%- no se benefician de ninguna rebaja fiscal en el IRPF, que solo será sustancial para el 0,3% que percibe más de 150.000 euros anuales. La del impuesto sobre sociedades solo beneficiará a las grandes empresas que ya de por sí pagan poco: en 2011 recibían el 60% de los beneficios empresariales y a duras penas aportaron  el 22% del total recaudatorio por  ese impuesto.
Para cerrar sin hacerme pesado, solo trato de argumentar mi censura.

Mariano Rajoy alcanzó la poltrona del  Gobierno con un programa electoral que prometía una bajada de impuestos sin preámbulos en la historia, haciendo especial hincapié en que “tenía” otras medidas para afrontar la deuda que, supuestamente, heredaría.  Pero, menos de un mes después de su impetuosa victoria, el Gobierno anunciaba que no solo no bajaría los impuestos, sino que los subía drásticamente y de inmediato. Un engaño masivo cuya influencia en la victoria del PP está fuera de dudas.  Aunque pretenden repetir la jugada. Después de someter al pueblo español, durante tres años a sacrificios y penalidades sin fin, anuncia ahora esta bajada de impuestos más otras que vendrán  y que por, casualidades de la vida, entrará en vigor en el 2015, justo cuando se celebrarán elecciones autonómicas y generales. 
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