Sigue el blog por Email

lunes, 24 de febrero de 2014

Ucrania, principio de la III guerra mundial con final en la enésima.


Ni las gélidas tetas de las femen amortiguarán las bombas
NI la UE puede, ni España quiere, ni Francia sabe, ni hay espacio para los países satélites de la extinta URSS, ni las culturas árabes se adaptan a las europeas, ni mi prima puede vivir con el sueldo de su marido, ni sus nietos con el de sus padres parados o quietos. Todo, todo es consecuencia de las teorías de la globalización que, como tal es medio decente, pero en la realidad es una mierda. Ucrania, nos va a poner en nuestro lugar de descanso y, a continuación, el flujo  anti o prosirio nos despertará. Si. sí el invierno de Ucrania y las primaveras árabes junto con la tolerancia globalizada por intereses creados de emisarios hipnotizados por el poder dominante que les avala el dinero de la corrupción. No hay que ser muy discretos como para no darnos cuenta de TODO esto es el principio de la III guerra con la salvedad de que esta no se denominará como tal hasta bien entrada la IV. Los ricos saben que necesitan  del capital humano del pobre y los pobres o no nos enteramos o somos producto del fanatismo residual de los grandes bloques político/terrorista. Los poderosos no tienen altura, es tal su egoísmo que nunca admitieron, de buena gana, el ascendente  bienestar del trabajador europeo, los prefieren esclavos y, además, portadores de los votos que les acrediten como pudientes demócratas.
 De aquí al 25 de mayo aún pueden pasar muchas cosas, pero esta fecha, designada por la revolución ucraniana para elegir presidente, coincide con las elecciones para el nuevo Parlamento europeo. Sería sarcástico que el previsible entusiasmo de los europeístas del Maidan coincida igualmente con la abstención vaticinada en los 28 de la Unión. El impulso de cambio hasta ahora triunfante en Kiev, con un saldo de más de 100 muertos, aunque cada bando da las cifras que les sale de los cojones.  En los parapetos de barricadas, es difícilmente conciliable con la apatía o el escepticismo de muchos de los que ya están dentro. La Europa deseada y la rampante Antieuropa conjugan la dialéctica de una tesis y una antítesis cuya síntesis resulta impredecible. No lo son menos los efectos paradójicos de una posible entrada en la pacífica Unión a través de un golpe revolucionario que a punto estuvo de desembocar en guerra civil.

Todo indica a que en semejante dificultad, los ucranios europeístas han impuesto el ideal de la libertad desde la experiencia de la pasada dominación de la URSS y la falsa democracia de un régimen tutelado por la Rusia actual. Razón les sobra, pero vivimos en un mundo donde la razón de poco o nada vale. Lo saben todo del imperialismo comunista y del aún latente en el poder excomunista con capital en Moscú. El depuesto presidente Yanukovich, a quien han vuelto la espalda la Rada Suprema, el Ejército y la Policía, sigue reivindicando el derecho derivado de su elección democrática, sin duda alentado por Putin (aunque cada día menos). Cuando él compara lo ocurrido en el país con la toma de Alemania por los nazis, olvida la victoriosa revolución de octubre a cargo de los bolcheviques, alzados en armas infinitamente más cruentas que las de ahora. Por suerte, la negra memoria de los Balcanes ha inhibido cualquier intervención de fuerza, sea rusa, europea, americana u otánica. La población, castigada durante siglos, ha sido soberana en su lucha por la libertad.

Los problemas pendientes serán muy duros. Si Julia Timoshenko vuelve a la presidencia tendrá que depurar la corrupción generalizada y conciliar en la paz las contradictorias exigencias de los grupos sumados al movimiento triunfante; encontrar alternativas a la hostilidad rusa y prorrusa en el interior, así como a la restricción de los suministros de gas y petróleo; forzar a tope la entrada en la UE para escapar de la soledad internacional; y procesar sin desprestigiarse el hecho de que la UE no es generosa con los más necesitados, ni proclive a crecer mediante golpes que humillen a las grandes potencias. Nadie les deseamos lo peor, pero es inevitable con sus correspondientes daños colaterales. Solo una gasística rusa tiene más dinero real que todo el PIB nominal ucraniano. ¡Coño, ayudad¡ Su enfado o crispación harán que todo sea una ruleta rusa, advierto.  
Publicar un comentario