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jueves, 26 de septiembre de 2013

Partidos políticos, corrupción perfecta


Más de una vez he escrito en este blog que politizar el Tribunal de Cuentas, además, de ser una brutalidad propia de políticos y bultos de carne  afines era como que los españoles, por un puñado de votos, entregásemos la llave a  ladrones políticos, o sea, a todos; para que nos robasen plácidamente y con respaldo de Ley.

Y mira por donde,  las infracciones, irregularidades, dinero negro y percepciones lícitas e ilícitas de los partidos políticos gozan de absoluta impunidad por una razón tan absurda como la que describe su Presidente. Cuando el Tribunal de Cuentas fiscaliza o tiene constancia de las cuentas de los partidos políticos, aunque hubiese robo, mangoneo, saqueo o…. el  delito ha prescrito.. Lo dijo el presidente de esa institución, Ley de Transparencia, en una explicación para gilipollas y en el  Congreso de los Diputados. Estamos, pues, ante un nuevo escándalo o, para ser más exactos, ante una nueva versión del escándalo de las finanzas de los partidos: la impunidad facilitada por la lentitud y la ineficacia de las instituciones de control. Dicho en Román Paladino, todos los partidos son corruptos y manipuladores de datos valiéndose de su poder dominante.

Para estar más certeza de la veracidad  de mí escribo. Antes ya había comprobado y ahora he vuelto a comprobar  que cuando el Tribunal de Cuentas empieza a examinar la contabilidad remitida por los partidos, han pasado cuatro o cinco años. Cuando se llegue, por ejemplo, a examinar los datos de este año 2013, estaremos por lo menos en el 2017. Si los números de lo gastado no coinciden con lo percibido y si no están justificadas facturas ni ingresos, los administradores, tesoreros y dirigentes pueden dormir con toda tranquilidad: cuando tengan que aclararlo todo, pueden temer las repercusiones mediáticas, pero nadie les podrá exigir ninguna responsabilidad civil ni penal. Ser tesorero de un partido es un negocio y ser diputado es ser diputado del negocio. Y este es el panorama real cuando nos venden la Ley de Transparencia como el instrumento mágico para instaurar la limpieza y la claridad. ¿Recordáis cuando el Presidente del Gobierno, Rajoy, dijo  durante la campaña de las elecciones andaluzas de con la Ley de la Transparencia daría nombre y razones de todo lo relacionado con la corrupción? Bueno, ahora resulta que es todo lo contrario entre la Ley de protección de datos y la inmunidad política, nada de nada.

Ahora bien, esto  esto contrasta con la rapidez y eficacia con que actúan otras inspecciones. Si a nosotros se le olvida presentar su declaración de IVA de cualquier trimestre, nos cae la de Caín, nos cobran lo debido, lo  indebido de inmediato con sus correspondientes intereses y  sanción. Si se equivoca en unos céntimos en una suma en su declaración de la renta, le reclaman a la velocidad de la luz. La informática fiscal utilizada contra las personas y las empresas es de lo más moderno del mundo. Pero cuando se trata de los partidos, ni hay prisas, ni hay exigencias, ni hay voluntad alguna de ser eficaces.


La voluntad, como la esperanza, es lo último que se pierde en política. Pero nadie le da medios a ese tribunal, no sea que vaya a desestabilizar el sagrado principio de la austeridad. Es preferible ahorrar por aquello del déficit que garantizar que los partidos cumplen la ley, no se quedan con el dinero de nadie, funcionan con escrúpulos éticos y son un ejemplo para el resto de la sociedad. Desde esa impunidad pasa lo que pasa: que hay todas las irregularidades del mundo, sobre todo en los partidos que gobiernan, y cuando nos enteramos todo está prescrito. Es la corrupción perfecta
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