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martes, 18 de junio de 2013

El Juez Castro y Hacienda, por debajo de la media Neurológica.



Desde siempre he mantenido la teoría de que los jueces, para instruir, condenar, archivar a un presuntos infractor, han de superar el principio de igualdad, mérito y capacidad, o sea,  EL EXAMEN  que les acredita para ser jueces de garantía.  El Juez Castro, juez político, juez de cuarto turno; nunca ha querido "estudiar" en lo suficiente como para presentarse a "esas oposiciones" igual por vergüenza ajena o propia. Si todos los magistrados eligen la "vía política",  se afianza la teoría de Pacheco "En España la justicia es un cachondeo por lo que fue condenado. Yo añadía que es una mierda y no voy a ser condenado. Por lógica y sentido común desde la verdad de Pacheco a mi realidad se ha justicado ¿mi insulto?.  Castro, no puede ser Juez solo para acreditar el despacho de sus hijos y joder el de los míos, por ejemplo. 

El Juez castro ha metido la pata tropecientas mil veces.- Solo con que el innoble, Ministro de Justicia, Gallardón, diga:  "Como bien dice la Ley del empleado público...........todo aquel que no haya superado el examen/oposición a las colas del paro". Con estos jueces chusqueros, España, será el hazme reir, en Justicia, en Sanidad, en Educación y hasta en Monarquía. 

Con jueces instructores como este  nunca sabremos si con la Infanta Cristina se está cometiendo fraude de Ley o conspiración republicana. En esencia, un juez, no tiene el por qué investigar y menos lo "ya prescrito" si los hechos han prescrito ¿Para qué leche sirven en el proceso" Por menos que eso el PSOE se cepilló a cinco jueces de oposicióa y, además, era cierta la acusación, por ejemplo, PRISA se benefició de más de 5.000 millones de Ptas.  No logro encontrar explicación ninguna a  lo ocurrido con las fincas falsamente vendidas por la Infanta Cristina,. Para que sea un simple error faltan muchos detalles. Falta, por ejemplo, que todas esas fincas -y estamos hablando de trece, que se dice pronto- estuviesen a la venta en las fechas señaladas por la Agencia Tributaria, y sus propietarios lo niegan. Falta también que fuesen adquiridas por la misma persona, sea quien sea. Solo así se explicaría esa última teoría que insinúa una equivocación en el número de carné de identidad del comprador real.  Es lo más extraño, por no decir extravagante, que ha ocurrido en el ya extrañísimo caso Urdangarin del que, por cierto, puede ser culpable.

Sin ser una lumbrera, me pregunto:  ¿La falsa venta de terrenos y pisos fue declarada a Hacienda por la infanta? Si fue así, y doña Cristina nunca fue propietaria de esos bienes, no hay nada que discutir: estaríamos ante un caso de blanqueo de dinero. La ley tendría que caer sobre ella, de acuerdo con el principio de igualdad, tantas veces invocado para su marido. Y si el delito hubiese prescrito, da igual: su imagen quedaría manchada. Personalmente, no lo creo: no tiene sentirlo negar algo que aparece en una declaración de renta, como lo están negando portavoces de la Casa Real y su abogados, Miquel Roca y cía.

Cada vez me decanto más por la teoría de la conspiración republicana-tampoco penséis que arreglaría nada, hoy por hoy, sería presidente de la III República, Zapatero, Si inútil el Rey, tanto o más, Zapatero; Y ya Rajoy, para cerrar España. . Si no hubo compra ni declaración fiscal, alguien ha llevado el nombre de la infanta al registro de la propiedad. ¿Cómo se puede haber producido ese error, si es que lo hubo? ¿Y cómo es posible que, entre 47 millones de españoles, haya sido precisamente el nombre de la infanta el que se coló en una información tan sensible? Descartada la tesis de las meigas, que son las únicas que pueden hacer estas jugadas, pero de cuya existencia no hay constancia en Ciudad Real, Barcelona, ni Alicante, tiene que haber habido una mano oculta que jugueteó con su carné.

Posiblemente, solo se trate de un error informático. Si así fuese, hemos de convenir que hay algo de gafe en el entorno de la Zarzuela, porque no se puede tener peor suerte en algo tan delicado como el honor de las personas. Y sea lo que sea, lo más urgente es aclarar este chusco episodio. Ya lleva demasiados días en la especulación pública. Ya hizo demasiado daño para permitir interpretaciones tan pintorescas como algunas de las que aquí se exponen. Si la infanta cometió un fraude, hay que saberlo. Pero si fue objeto de una conspiración con más razón lo tenemos que saber y ya. Con la que está cayendo y que, los políticos, nos desvíen las enfurecidas neuronas es mala leche. 
Ministro, Montoro. Mañana, no. Hoy, sin más dilación esperamos una explicación aunque, como siempre, sea mentira.  
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