Sigue el blog por EMAIL. Seguir por EMAIL

viernes, 22 de marzo de 2013

A los políticos corruptos hay que echadles por lo civil o por lo criminal.



Hoy en día,  tanto en España como en Latino América, tenemos un problema social de difícil cuantificación, LA CORRUPCIÓN, por mucho que los medios publiquen y las redes divulguen, siempre hay una tercera fuerza que los contrarrestan y esta no es otra que los hipnotizados votantes que, para ellos, más pronto que tarde solo son marionetas. ¿Qué se entiende por corrupción? Algunos estudiosos del fenómeno distinguen la llamada "corrupción blanca" o sea aquellas conductas que están tan integradas a la cultura que no se perciben como corruptas, de la llamada "corrupción negra" o sea, todas aquellas prácticas que unánimemente se condenan. Más allá de estas distinciones relativas al contexto social, no cabe duda que se catalogan como corruptas aquellas conductas que implican desviación o abuso de poder en el ejercicio de un cargo, con la intención de obtener un beneficio privado. Así el soborno, el tráfico de influencias o la aceptación de ventajas indebidas son ejemplos de conductas corruptas.                                                           
España como parte de Latinoamérica y viceversa –en adelante solo latino América, en los últimos años, ha sido escenario de todo un conjunto de movilizaciones sociales que ha tenido como causa principal el descontento de la población a las promesas incumplidas y a los flagrantes casos de corrupción ocurridos desde los  propios gobiernos centrales, originado la indignación y rechazo multitudinario de la población. Una característica muy común, observada en estos países,  donde se han registrado estos levantamientos sociales, es que en la mayoría de los casos, estos presentaban sistemas democráticos muy débiles o estaban atravesando aun por un proceso de fortalecimiento y/o consolidación de sus democracias.

La intención de lo expresado es evidenciar, como la ausencia de un proyecto nacional que esté orientado a alcanzar el bienestar común y la falta de firmeza en la lucha contra la corrupción, pueden calar el orden y estabilidad de un país, deteriorando el concepto propio de democracia, sobre todo en aquellos países que presentan un sistema democrático débil y en donde las diferencias sociales son abismales, como es el caso de la mayoría de los países latinoamericanos.
El descontento generado por una mala gestión de Gobierno o por decisiones que solo benefician a ciertos sectores privilegiados, yendo contra los de la mayoría del pueblo, ha tenido como resultado el rechazo popular inmediato, plasmándose en situaciones de movilización y descontrol  social. Fruto de ello han sido los grandes levantamientos del pueblo contra sus gobernantes, acusándoles de corruptos, mentirosos, ineptos e hipnotizadores.  Si, si en algunos países se ha logrado expulsar a sus gobernantes y sus cúpulas de poder.

 De esta situación han sido protagonistas algunos países de Latinoamérica en donde se han producido grandes levantamientos sociales en contra de sus gobiernos, acusándolos de corruptos, mentirosos e incapaces, y teniendo como consecuencia final la inevitable expulsión. Este es el caso de España, Bolivia, Ecuador y un largo etc. Pienso que al final hemos cambiado moscos por babas.  

Otro hecho importante y observado en América Latina, es que el escándalo generado como producto de un acto de corrupción, está sujeto a lo que la población considere aceptable o no de su gobernante, es decir cuan identificados se sientan estos con él y con lo que hace. Ahora bien, esto no estaría mal, si algunos gobiernos corruptos, no utilizaran la necesidad de la población como pretexto para brindar regalos a los sectores populares, a través de la implementación de Programas Sociales, desfigurando el concepto propio de estos programas que deberían tener una existencia temporal y determinada, con el fin que los dejen hacer lo que a ellos y a sus cúpulas les interesa. Esta situación es sumamente preocupante, ya que esto es una aceptación formal de la corrupción y que se traduce en frases populares, tales como: “Está robando, pero está haciendo”, relacionando las cosas en los siguientes términos: «cuanto haces y cuanto puedes robar». Esto que podría ser inaceptable, desde todo punto de vista, está relacionado con comportamientos individualistas que se traducen en frases como: «cuanto me das o cuanto recibo y cuanto puedes hacer». Está visto que una práctica muy común de dictadores, corruptos y tiranos es precisamente comprar la conciencia de la población con regalos que salen de las arcas del Estado y que de ello hemos y seguimos viendo en Latinoamérica.

De todo esto, podemos deducir lo siguiente: la corrupción, entendida como medio para obtener ciertas ventajas y beneficios de manera ilícita, afecta indudablemente la gobernabilidad, la estabilidad democrática y  económica de los pueblos, pero lo más grave es que carcome el alma de un país y de las nuevas generaciones, generando una situación de desesperanza y desconfianza tanto en el futuro como en el sistema democrático. Esta situación que de por sí, ya es peligrosa, se encuentra en muchos casos acompañada de una crisis cultural, educativa y de información, lo que nos está llevando a una situación de individualismo extremo y que podría derivar en una anemia total.
Es responsabilidad de los gobernantes tomar medidas urgentes contra la miseria económica, pero a su vez contra la miseria moral. No se puede obviar que Argentina, Brasil  o Venezuela que estando entre los 10 países del mundo con mayor riqueza  en recursos humanos la tasa de inflación les coma, las manufacturas son nulas, el crimen organizado es la orden del día, la putas se olvidan  hasta de la cuaresma, la droga es hábito popular. No hay que tomar medidas o hacerles que las tomen.  En México ya ni contabilizan los crímenes, la juventud está despavorida y no saben ni donde se   dirigen. España ocupa todos los niveles negativos de la UE, la corrupción es un deporte.  Sin lugar a dudas hay que exigir estabilidad para fortalecer el orden democrático y dentro de este hay que elevar los niveles de participación ciudadana y el compromiso social de la población, pero con reconocimiento de los derechos y deberes del ciudadano. Todos, todos debemos exigirnos; pero el ciudadano tiene que echarle cojones para que los gobernantes no nos devoren.Ellos, ellos tienen la mobligación de procurarnos el bienestar.
Los gobernantes y clase política TIENEN que comprender que su responsabilidad es para defender los intereses y el desarrollo de la población, no solo el de aquellos que les votaron. La democracia, no se ciñe única y exclusivamente al ciclo electoral. Sino que hay que trabajar conjuntamente con los ciudadanos, a través de organizaciones e instituciones civiles. Ahí, ahí  está la esencia de la democracia  y la única receta para su consolidación con un sostenido desarrollo regional que en conjunto es el nacional


Publicar un comentario