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jueves, 14 de febrero de 2013

¿Cambiando de opinión o mintiendo?

¿Cambiando de opinión o mintiendo?

Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver. Señala con buen criterio el lider liberal, Sean O'Curneen Cañas, tras el anuncio de que unos informáticos piensan “eliminar la mentira” de la política con un software que hará un seguimiento de todo lo que un político haya dicho jamás sobre un tema, permitiendo así que los electores detecten cualquier cambio, Ivan Krastev lamentó: “Esto me asusta mucho, porque la democracia consiste en cambiar de opinión. Si cualquier cambio de opinión será percibido como una mentira… entonces la democracia no puede funcionar. La democracia no es una cuestión de constancia.”
Krastev, quien preside el Centro de Estrategias Liberales (Centre for Liberal Strategies) en Bulgaria, hizo el comentario durante una ponencia estimulante llamada Confiamos en la Desconfianza: ¿Puede la Transparencia Reavivar la Democracia? (In Mistrust we Trust: Can Transparency Revive Democracy?) – que dio en noviembre 2012 en EE UU. Igualmente, argumentó que el diseño de los instrumentos de transparencia no deben centrarse en controlar a los representantes electos: “la mera idea de que la democracia se reduzca a un control de las personas que ocupan el poder elimina la esencia más importante de la misma: el debate sobre la mejor sociedad, cómo debe gobernarse, y lo que se quiere lograr.”
Evidentemente, Krastev tiene razón. Si los políticos se convierten en meros instrumentos de ideas fijas que se lanzan contra el contrincante, se acaba con la democracia. El debate y la deliberación son necesarios, y las opiniones pueden y deben cambiar si la información disponible es distinta o si la experiencia del político le ofrece una perspectiva diferente. Después de todo, rectificar es de sabios. No obstante, no es menos cierto que algunos políticos prometen cualquier cosa durante una campaña electoral, a veces incluso sabiendo que nunca cumplirán la promesa. En esas circunstancias, el político abusa de su derecho a cambiar de opinión. La eliminación de esa forma de abusar de la confianza del elector sería algo positivo, pero necesitará algo más que un simple software que – siendo técnicamente sofisticado – no deja de ser simplista desde el punto de vista democrático.
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