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martes, 23 de octubre de 2012

Rajoy, entre Franco y Negrín.



A mediados de la guerra civil española, las estrategias militares de los republicanos y las franquistas coincidieron en un propósito, alargar la guerra. El presidente republica, Juan Negrín, pretendía continuar el esfuerzo bélico a la espera de que en Europa estallara un conflicto entre Alemania y las democracias occidentales. Franco, muy acerado en su lógica militar, se negaba a dar el golpe de gracia atacando Cataluña, después de que sus tropas llegaran al Ebro y al Segre. Las decisiones militares de Franco exasperaban a sus aliados, Italia y Alemania, que querían liquidar cuanto antes la confrontación española. La decisión de Negrín de resistir a ultranza era de carácter internacional; la de Franco de prolongar la guerra, de carácter interno. Franco había consolidado su liderazgo gracias a ralentizar el esfuerzo bélico, poco a poco eliminó a sus opositores dentro de sus filas y lo mismo pretendía hacer con los republicanos, dejándolos exhaustos y, según ellos,  sin posibilidad de oponérsele una vez finalizada la guerra. Franco construyó el futuro Estado a su imagen y semejanza, al margen de las presiones de monárquicos, falangistas, carlistas y conservadores. El presidente Rajoy, salvando todas la distancias salvables y aceptando sin ningún género de dudas su legitimidad democrática, actúa ante la presente crisis siguiendo la estrategia de ambos, la de Negrín de resistir hasta convertir el conflicto español en un conflicto internacional, la de Franco de aprovechar el tempo de la crisis para realizar un cambio de las estructuras internas y afianzarse ante sus opositores. La crisis es de muy diferente calado y la historia no se repite, pero las estrategias sobreviven.

 Muy equivocadamente, Mariano Rajoy, utiliza la excepcionalidad de la situación económica para llevar a cabo un programa de reformas de gran calado disfrazadas como simples medidas contra la crisis. Se trata de realizar una ruptura encubierta de la Constitución, un golpe de Estado de salón para crear un status quo diferente del de 1978 que afecte a los derechos laborales, al estado de las autonomías, al régimen de libertades y al actual sistema electoral. Este proceso no está exento de riesgos, y el presidente lo sabe, porque su liderazgo está cuestionado dentro de su partido y vigilado por la atenta mirada de Aznar desde la FAES. Pero Rajoy tiene fuera de sus filas a un aliado accidental, el PSOE. Los socialistas no tienen fuerza como oposición, retroceden en Galicia, en Euskadi y probablemente en Cataluña. Están descolocados, la ciudadanía los percibe como corresponsables de la crisis y no han sabido renovarse. El PSOE se está aminorando y Rajoy lo sabe y por esa razón puede llegar a proponer a los socialistas una reforma del sistema electoral que fortalezca el bipartidismo y que, aparentemente, ayude a detener la sangría de votos que sufre el principal partido de la oposición. Para eso Rajoy necesita ralentizar la salida de la crisis, como Franco ralentizó la marcha de la guerra para consolidarse y estructurar las bases de ese nuevo estado con carácter dictatorial, más o menos como los que hemos tenido desde su muerte.

 Mariano Rajoy, a escala internacional, no actúa como Franco, lo hace como Negrín. Juan Negrín, se apropió de la sentencia del aventurero Ernest Shackleton “resistir es vencer”, con el objetivo de internacionalizar el conflicto español y conseguir que las democracias occidentales percibieran a la República como un futuro aliado, pero como siempre su mismo grupo de corruptos y el crimen organizado le cerraban sus propósitos. Los problemas de España eran los mismos problemas de Europa y tarde o temprano Francia e Inglaterra se darían cuenta de ello. Negrín sabía que su decisión de resistir ocasionaba sufrimiento a sus conciudadanos, pero lo valoraba como un daño colateral. La política de resistencia fracasó porque las democracias cedieron ante Hitler en Múnich y porque el general Casado se sublevó en Madrid. Rajoy da largas a las demandas de Europa y de los mercados y toma decisiones dolorosas para la reducción del déficit incluso antes de que la UE las solicite, para salvaguardar la soberanía nacional, por hidalguía, aunque ello sea a costa del sufrimiento de millones de españoles. Rajoy cree que los europeos reaccionarán cuando sus economías se vean profundamente amenazadas, cuando perciban el problema económico español como parte de un problema europeo global, como su problema. Como Negrín, Rajoy intenta ganar tiempo, pero su política no da frutos, porque Alemania impone su criterio a ultranza.

 Rajoy, necesita que la crisis sea larga y profunda, para imponer sus reformas y para conseguir que cualquier rebote técnico de la economía le afiance y le acaudille, mucho me temo que Rajoy esté más cerca de Negrín que de Franco.
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