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jueves, 25 de octubre de 2012

Adiós a Jorge Dotti, intelectual y filósofo de la agudeza dy la política

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Bertelloni despide a un amigo y colega, protagonista de un campo nutrido en las ideas de Alberdi, Rousseau y Schmitt.

Me resulta difícil reconstruir el perfil intelectual de Jorge Dotti sin advertir que me unió a él una amistad desde 1960, cuando dos familias acompañaban a sus hijos de 13 años al inicio de clases en un internado que duraría cinco años. Sus padres y los míos nos llevaban con el pelo bien corto, saquito azul de tres botones, corbata, pantalón gris, portafolios en una mano y una valija en la otra con todo lo necesario para llevar allí una vida autosuficiente.
En esa vida –algo gris– que, en esos años, se decía, “era buena para los chicos”, con Jorge fuimos cómplices de una cierta rebeldía pasiva que, en rigor, comenzó recién dos años después. Pactamos una suerte de alianza y nos acercamos uno al otro cuando empezaron las inquietudes por los libros. A nosotros llegaba un mix difuso de revisionismo histórico, literatura y lecturas protopolíticas, acompañados por los primeros compromisos intelectuales juveniles, aún bastante confusos. Aunque él con sus intereses y yo con los míos, ambos diferentes, logramos que de allí resultaran conversaciones que duraron hasta el 18 de marzo, cuando lo despedí telefónicamente antes de su viaje a Santiago de Chile.
Por aquellos años de adolescencia nuestros veranos balanceaban el tedio escolar con insistentes visitas nocturnas de las librerías marplatenses. Desde entonces –con 14 o 15 años– Dotti fue un gran lector. Esa potente fisonomía intelectual, desde entonces muy prometedora, lo llevó a un paso furtivo por la Facultad de Derecho de la UBA, donde en esos años desembocaban las vocaciones humanísticas. De allí pasó a un breve período en la Facultad de Filosofía y Letras, hasta que un golpe de fortuna hizo que Dotti viajara a Roma, donde después de cinco años y bajo la dirección de Lucio Colletti escribió su tesis de Doctorado sobre la filosofía del derecho de Hegel, luego remozada y publicada en Buenos Aires con el título de Dialéctica y Derecho. El proyecto ético-político hegeliano.
A partir de ese libro, y después de publicar una introducción a textos seleccionados de Rousseau –El mundo de Juan Jacobo Rousseau– su inmersión en la filosofía política fue meteórica, casi triunfal. Volvió a Buenos Aires e ingresó como docente en la Facultad de Filosofía y Letras, donde se jubiló como Profesor Titular Plenario de Filosofía Política, y poco después en el CONICET, donde se jubiló como investigador.
Dotti plasmó su pensamiento agudo, reflexivo y, sobre todo, creador, en innumerables foros de discusión filosófica y mediante la publicación de otros también innumerables artículos en revistas filosóficas nacionales y extranjeras, algunas de divulgación cultural, otras de extremado rigor científico, que hoy constituyen un patrimonio cultural aún en espera de una definitiva valoración.
A Dotti debemos, además, la creación formal de un nuevo espacio disciplinario –la Filosofía política–, y la existencia de la Sección de Estudios de Filosofía Política y Social del Instituto de Filosofía (FFyL-UBA). Por lo demás, y gracias a sus reiteradas visitas académicas a Europa, sobre todo a Alemania, adonde viajaba con fuerte interés por la cultura germánica, concretó la publicación de distintos títulos sobre la recepción de la cultura europea en Argentina: Las vetas del texto, sobre Alberdi y las ideas del positivismo; Carl Schmitt en Argentina, sobre la recepción en nuestro medio de las ideas del célebre jurista alemán; y Homenaje a Kant, escrito en colaboración con Jorge Sazbón.
Sus seminarios sobre el contractualismo político y sobre Hegel y Marx en FLACSO y en su cátedra universitaria fueron seductores de muchas generaciones de estudiantes, pero también seducía su conocimiento del pensamiento conservador de Maistre, de Bonald, Burke, y Donoso Cortés, autores que lo llevaron a estudiar a Carl Schmitt, último mojón de su periplo intelectual. Esa elasticidad mostraba la amplitud de su pensamiento, concretada en los cuadernos de filosofía política que él mismo llamó DEUS MORTALIS. Se trata de una publicación pluriideológica cuyo nombre evocaba la idea hobbesiana del Estado, cuya existencia Dotti defendió encarnizadamente en la última etapa de su vida.
Exégeta de textos, inclusive no filosóficos, intérprete de la historia de las ideas en la Argentina, creador de un espacio de reflexión filosófica sobre la política, merecedor de innumerables premios y distinciones, y dueño de un envidiable sentido del humor, Dotti culminó ese cursus honorum con la recepción en 2017 del Premio Trayectoria Bernardo Houssay otorgado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, justo reconocimiento a su carrera académica. Te extrañaremos, amigo entrañable.
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