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martes, 31 de julio de 2012

Tratado Primero del libro de Friedrich Nietzsche, la Genealogía de la Moral.

La vida sin pasiones es un infierno de por  sí.

Por  Luz María López

 Soy cristiana no practicante. De hecho  he  sido  cristiana  por imposición de mi  crianza  y   cultura, mas la religión pesa sobre mí como pesan los pecados.  De niña no me atrevía a masticar la ostia por  no mutilar  el cuerpo de Cristo. Así de fuerte es esta concepción  de lo santo.  Moviéndome  a  la genealogía de la moral, al igual que Nietzsche  pienso  que el cristianismo guarda un profundo resentimiento,    como  fe  ha sido una fuerza avasalladora que dicta  mansedumbre como  virtud que premia en la otra vida,  “la verdadera”.  En cierto modo  es  maravillosa la idea de una eterna existencia sin sufrimiento pero lo que es horrendo es la amenaza de castigo y   tinieblas que van atadas a la  filosofía moralista de la religión. El infierno.

Creo que todos los cristianos hemos aceptado el mito de la condenación. Es por eso que medimos nuestras conductas con la regla de Iglesia. Deseamos la salvación. ¿Quién   quiere arder en esa infernal hoguera por el infinito plazo de vida, allá arriba?  Tanto es así que los perdones se compraban. Todavía se compran con el arrepentimiento y la oración. Esta domesticación ha sido buena y necesaria para la humanidad, acota  un estudiante del curso de filosofía. Estoy de acuerdo en cierto modo.  Lo que no  acierto a comprender es esa  necesidad imprescindible de castigar a los pecadores sin la menor indulgencia, la  culpa jamás a disminuida por la expiación. Algo que parece ser tan ajeno a  la Misericordia de Dios.

         Es obvio que Nietzsche entiende el origen de la moral a raíz de una historia inconclusa de antítesis entre la moral de los nobles y  la moral de los esclavos. Infiero que lo que el filósofo trata de comunicar es que la moral esclava  apaga la pasión en el hombre. Al hacernos a todos iguales antes los ojos de Dios, no domina la exaltación por la vida, el ímpetu, la creatividad que pueda acarrear consigo. No  domina ni  siquiera el deseo mismo de luchar. Somos todos corderos. Quitarle el reto a la vida no hace la vida mejor para todos, sólo la hace mejor para el conformista porque no tiene que lidiar. La historia de la humanidad está escrita con los retos de los hombres que se atrevieron a ser diferentes, aunque muchos pagaron un alto precio por su osadía, por ejemplo: Galileo Galilei.

         Un término que captura acaso parte del mensaje de Nietzsche es “nihilismo”. Nada vale. Pues si el ser humano asume una actitud nihilista, lo que le queda es esperar la muerte, ese gran comienzo en la otra vida, donde tampoco hay luchas  porque  no hay retos  siendo  todos iguales, supuestamente. Quizás lo único divertido sería mirar hacia el infierno y regocijarse  de ver a las aves de rapiña arder sin nunca llegar a calcinarse.






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