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miércoles, 25 de julio de 2012

ESENCIALISMO BIOLÓGICO


Luz María López
        Las teorías esencialmente biológicas fomentaron la creencia de la inferioridad genética del género femenino y basándose en estas se le confiere supremacía al género masculino. Bajo la sombrilla de estas teorías se cobijaron los males del androcentrismo y la polarización. El determinismo biológico es incoherente, de acuerdo a Jaggard (Human Biology in Feminist Theory, p.4). No se puede decir que la biología determina la sociedad porque no se pueden identificar aspectos no sociales de la biología como tampoco aspectos no biológicos de la sociedad, argumenta Jaggard, y estoy totalmente de acuerdo con esta aseveración. “Las diferencias sexuales son en parte determinadas a nivel del individuo tanto como a nivel de las especies.”, cito a Jaggard (p.3). Creo que las diferencias biológicas son de por sí la base de la sociedad y de la cultura pero los seguidores del determinismo biológico no lo consideraban así. Con respeto a la justicia y al género masculino, aquí debo mencionar que algunas feministas aceptaron algunas de estas nociones como verdaderas. Simone de Beauvoir y Sherry Ortner afirmaron que el hombre está más asociado con el cerebro y la mujer con su cuerpo (Human Biology in Feminist Theory, p. 2).

Esta identificación de la mujer con el cuerpo fue precisamente la que dio margen al concepto de conservación de energía el cual fue utilizado para naturalizar la creencia de que la educación no era una actividad apropiada para las niñas. La publicación en el 1873 del libro de Edward Clark, Sex in Education, difundió la idea de que la educación era peligrosa para las mujeres porque desviaría la energía necesaria para el desarrollo de sus órganos reproductivos hacia el desarrollo del cerebro en vez, lo que por supuesto afectaría la futura maternidad. En otras palabras, mujeres con cerebro no pueden ser madres. Esta ridícula hipótesis fue abrazada por notables intelectuales, como el reconocido psicólogo americano Stanley Hall, y por ende, por la gente. La falacia de autoridad evitó los cuestionamientos. En su teoría de evolución Herbert Spencer expone que la biología hizo al hombre más competitivo y a la mujer más propensa a criar, cuidar, nutrir (Biological Essencialism, p. 6). Tal parece que esto es una debilidad y que para sobrevivir es más importante ser competitivo.

Otro escrito que justificaba de manera biológica la discriminación y la polarización del género (citado por Bem, p.9) lo es el de Lionel Tiger, publicado tan reciente como en el 1970 durante el movimiento de liberación femenina, en el cual argumentaba que la exclusión de las mujeres en las grandes decisiones políticas, militares, económicas, se debía más bien a un comportamiento genéticamente programado en el cual los hombres tendían a crear fuertes lazos unos con otros y no al chauvinismo como tal. Estamos en el siglo XXI y todavía es así, los hombres controlan el mundo. Las teorías esencialistas llegaron tan lejos como a hacer comparaciones del tamaño del cerebro entre hombres y mujeres declarando que el tamaño del cerebro de la mujer es más pequeño y por lo tanto es intelectualmente inferior (His Brain, Her Brain, p.1). No se tomó en consideración que la estructura del cuerpo de la mujer es pequeña en comparación a la del hombre y que lo importante no es si es cabezona sino la densidad y convoluciones de la masa encefálica. Algunos hombres de la ciencia llegaron tan lejos como a reducir a la mujer a nivel de óvulo y al hombre a nivel de espermatozoide confiriendo las características biológicas de los gametos al género. El macho es “catabólico” y la hembra es “anabólica”. Por supuesto esto quiere decir que el hombre tiene el derecho a ser promiscuo y desinhibido mientras que a la mujer le conviene no serlo (The Whispering Within, David Barach, citado por Bem en Biological Essencialism, p.12). Increíble pero cierto, la ciencia del siglo XX continuaba naturalizando el status quo.

El esencialismo biológico junto a las creencias religiosas justificaban el maltrato emocional y físico de las mujeres. Los hombres sentían que tenían no solo la razón sino un derecho legítimo conferido a través de la historia, la iglesia, la ciencia. Estas creencias en nada contribuyeron al desarrollo de la humanidad porque si la mujer no es parte de la misma entonces el desarrollo fue uno mutilado. La ciencia hoy en día ha enmendado muchos de sus errores para beneficio de todos pero se sigue creyendo en una cierta superioridad del hombre. Estoy muy de acuerdo con Bem en su señalamiento de que la ciencia no ha sido enteramente objetiva y por lo tanto contribuyó a crear barreras. Que la ciencia misma pueda evaluarse a la luz de sus errores y enmendarse es importante. Con la objetividad del conocimiento vienen nuevos entendimientos y más tolerancia y respeto a las diferencias. Las diferencias biológicas siempre habrán de existir pero el alcance de las mismas dependerá del contexto social, cultural, en el cual los hombres y las mujeres vivan sus vidas. La biología del cuerpo no debe ser la justificación para la inequidad entre los géneros, no obstante al día de hoy, en todas las culturas, el hombre está en control del poder político. Habría que pensar que el esencialismo biológico persiste aún cuando se aceptan como falsedades todas esas teorías sobre la superioridad genética del hombre.

Concluyo reiterando que la educación es necesaria, que en la medida que el hombre y la mujer entiendan que lo que los diferencia son simplemente funciones biológicas necesarias para la reproducción, y no de otra índole, crecerá el respeto y la consideración y la armonía entre los sexos y, como resultado, un mundo mejor para todos. Creo también que la iglesia debe evaluar los conceptos y enseñanzas teológicas de modo que fomente la igualdad moral y la igualdad en la relación de las parejas. Ya es hora de que Adán se responsabilice por sus faltas y que se deje de culpar solo a Eva. Hay que fomentar la idea de que este Dios masculino tiene un lado femenino y no utilizar la imagen de la Virgen María como modelo de sacrificio y modelo de vida para las mujeres y a Eva como un mal ejemplo por ser la causante de todos los males del hombre y de la mujer misma. Fue también un hijo de Dios el que vino a salvar el mundo. La carga emocional es grande.

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