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martes, 19 de junio de 2012

¿Por qué "tapa" tan, descaradamente, Rajoy a Rato


Los cabos (México)
Está tarde, de buena mañana en Los Cabos (México) le han comunicado a Rajoy que el agujero de BANKIA  puede superar el doble de lo previsto inicialmente.
Los negocios son como los coches o eres portador de su dominio o no se apiadan ni de su dueño. Rodrigo Rato Figaredo se ha metido en un círculo que el mismo vició y, de ninguna de las maneras sabe salir.  Ahora, renuncia a la indemnización de Bankia a cambio de mantenerse en Lazard, la firma de inversión que entronizó en bolsa a la propia Bankia y que le catapultó a la presidencia de la entidad. Es más que evidente que trata de evitar al Fiscal General del Estado, pero es un sinsentido. Poco o nada tienen que ver los diferentes delitos que haya cometido. Es más que evidente que solo quiere ganar tiempo y destruir pruebas. Ya su padreRamón Rato Rodríguez-San Pedro, jurisconsulto, glosador de las “ínclitas razas” del Generalísimo y, sin embargo, condenado por evasión de capitales y delitos societarios y fiscales.

Nadie, de su entorno, cree que esta otra “hazaña” de Rato la haya diseñado el.  El Banco de Siero, propiedad de los Rato y tapadera del traslado de sus fondos a Suiza, fue intervenido por el Banco de España, al final de los sesenta; su padre, su hermano Ramón y su tío,Faustino Rato Rodríguez-San Pedro, fueron condenados y una serie de indultos en cadena les salvaron de la cárcel, así y todo perdieron mucho patrimonio. Su hermano, Ramón si entró en la cárcel pero muy poco tiempo;  de momento, el OPUS hizo que se ignorarán muchos de sus pecados.


Rato que se autodenomina opudeísta estudió Derecho en la Complutense y se doctoró en Berkeley. Clama piedad por doquier, pero esta vez ha sido demasiado gorda. El amenaza con tirar de la manta y ya no hay ni manta. El no sabe que los tiempos han cambiado para mal, pero han cambiado. Mañana sale en todas las portadas de los periódicos que Rajoy y Obama formaban parte de la banda que ha descapitalizado la ya descapitalizada España, Bankia y los ciudadanos pasan olímpicamente…….Normal ¿Y qué? Rodrigo no se da cuenta de que el es el cabeza de turco como en su día lo fue, Conde.  Al país le gusta el morbo aunque sean ellos los paganos. Algunos quisieran que todos los días cayese un banco y, además, se acostasen la Cospedal y Rubalcaba.
El Ávaro.

El banquero efímero, Rodrigo Rato, director gerente del FMI y vicepresidente del Gobierno de José María Aznar, pertenece a una saga empresarial de raíces asturianas. Es el biznieto de Faustino Rodríguez-San Pedro (los Faustinos en su linaje son una herencia dinástica, como los Eusebios en el caso los Güell), vicepresidente del Senado, alcalde de Madrid, presidente de Ferrocarriles del Norte y ministro en tres carteras –Hacienda, Estado e Instrucción Pública— en los gabinetes sucesivos de Maura y Silvela, entre 1903 y 1909.Vencido por el éxito y liberal tronitonante, Rato lleva la política en la sangre pero refugia su dinero en las alforjas que nunca se mermarán en consonancia con el delito.

Su madre, Aurora Figaredo, aportó al tronco común de los Rato intereses siderometalúrgicos procedentes de Mieres, la ciudad del Principado donde la minería asturiana entronca con el hierro y la fundición. El hijo del fundador de la Cadena Rato estaba destinado a comunicar. Desde su emporio radiofónico, los Rato respaldaron la aventura fundacional de Manuel Fraga y convirtieron a Rodrigo en el inspirador económico de la nueva derecha (en línea con la generación supply side de Ronald Reagan) comandada entonces por el itinerante Jorge Verstrynge, en liza con Miguel Herrero de Miñón, el ruiseñor de la Transición.

En los prolegómenos de su carrera pública, Rato compaginó vocación y devoción en empresas, como Aguas de Fuensanta, Edificaciones Padilla o Construcciones Riesgo. Su debut parlamentario, tamizado inicialmente por Hernández Mancha, surgió de la mano de José María Aznar, con la refundación conservadora del 89. Desde aquel momento, Rato dejó su huella en la bancada popular del Congreso. Y confirmó su hegemonía en enero del 96 cuando el PP lo colocó al frente de una de sus tres vicesecretarías generales (las otras dos fueron para Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja).


Cuando atravesó por primera vez el patio de luces del Ministerio de Economía (la Real Casa Aduana, obra de Sabatini), Rodrigo Rato era un rico heredero. La ONCE había adquirido 63 de las 72 emisoras de la Cadena Rato (la red convertida después en Onda Cero) por medio de un acuerdo firmado por su padre, el ya anciano Ramón Rato, que ingresó 5.000 millones de las antiguas pesetas. El resto las adquirió el grupo PRISA. Siempre a la sombra de la teja roja, Rodrigo paseaba su plumaje con la misma desenvoltura que habían mostrado sus nobles antecesores,Navarro Rubio, Boyer, Solchaga o Fuentes Quintana, el sabio de Carrión de los Condes. El Madrid del viaje al centro rememoraba la Corte 
de los Milagros, inventada un siglo antes por Valle.

El entonces titular de Economía y Hacienda se llevó el mérito de la entrada en el euro, pero no advirtió que el andamiaje de su modelo productivo era un canto al cemento de los concesionarios (Florentino Pérez, José María Entrecanales, Rafael del Pino, Luis del Rivero, etcétera) o una recompensa a la voracidad de los influyentes (Juan Villalonga, Alfonso Cortina o Francisco González, entre otros), al frente de empresas privatizadas. Cualquiera de ellos salió mejor pagado. Aunque a excepción de Florentino Pérez y no pongo la mano en el fuego, todos están terminando como lo que son, unos chorizos. 

El Rodrigo Rato del déficit cero, el meritorio impulsor de los organismos regulatorios (CNMV, Comisión de la Energía, Comisión de las Telecomunicaciones...) no despegó nunca sus dos mundos: la cosa pública y el interés privado. Lo persiguió la sombra de su clan a través de Muinmo, una sociedad propiedad de los hermanos Rodrigo, Ramón y María Ángeles Rato, que recibía contratos del Estado y que gestionaba paralelamente las estaciones de la cadena radiofónica, que todavía estaban en poder de la familia Muinmo, en la que la primera esposa de Rodrigo y hoy presidenta de Paradores, María Ángeles Alarcón, figuraba como accionista y consejera, fue investigada a raíz de una operación con el banco HSBC.

Ya en 2001 no se comió el caso Gescartera, porque al final pagó la hermana del entonces,  secretario de Estado,  Enrique Giménez-Reyna,  Para mi que no sabía ni lo que era Gescartera. El destape de aquel caso desnudó el ahorro piadoso y la inversión segura: Gescartera acabó con los fondos de congregaciones religiosas y con los recursos de los cuerpos de seguridad del Estado. Fue un Gürtel avant la lettre, un ensayo general dotado de un único culpable, el desconocido Antonio Camacho Friaza. Eso le costó no ser hoy, presidente del Gobierno de España.

Cuando la trastienda de Moncloa deshilachaba sus últimos retazos, Aznar anunció su retirada con la foto de las Azores colgada en el cañamazo de Génova. El César exigía una herencia validada por el fuego de la fidelidad. Pero Rato, su delfín mejor preparado, no quiso comprometerse en una pelea de figurantes (Arenas Bocanegra, Acebes Paniagua, Gallardón, Zaplana o el menguante Álvarez Cascos). Poco después, durante el sprint final hacia el FMI, superó a sus dos mayores oponentes, Gordon Brown y Mario Monti. Su gerencia en el organismo internacional fue un interregno entre el alemán Horst Köhler y el francésStrauss Kahn, percherón de infausta memoria.

Ahora, en el ocaso de su segundo ciclo, Rodrigo Rato Figaredo resume su trayectoria financiera, desde la ficha familiar del Banco de Siero hasta su presidencia en Bankia. La burbuja de los años dorados, su burbuja, ha empezado a exigirle cuentas. En definitiva, solo se ha “comido dos bancos” tiempo tiene para devorar otros tantos más.

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