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martes, 24 de enero de 2012

Rubalcaba, el pasado; Chacón, el zapaterismo ¿Quién es mejor para el PP?


 A menos de dos semanas vista, para el congreso del PSOE en Sevilla, no se ha resuelto nada o casi nada y lo que es por no se ha hecho un análisis solvente de la victoria del PP que sin subir en número de votos ha demolido a los socialista de España; hasta sin ideología los ha dejado. Solo hay algo claro: Rubalcaba representa al pasado y Chacón al zapaterismo ¿Quién da menos?.
 Hoy por hoy,  nadie puede decir  quién ganará, pero si se puede afirmar que con independencia del resultado se abrirán dos grandes vías de aguas en la militancia socialista. A Carmen Chacón se le ve muy lozana, posiblemente, como consecuencia de que se ve menos perdida que antes y a Rubalcaba no le salen canas por la evidencia de calva, pero sabe que le están fallando varones que, en principio, contaba con ellos.  
Los socialistas están, totalmente, quebrados. Que los secretarios generales no logren imponer sus listas da una idea de cómo bulle en la militancia el cabreo con todo en general: con la gestión de Zapatero, con la falta de democracia interna que se cargó las primarias de las que el partido hacía gala frente al dedazo de la derecha, con el empecinamiento de Rubalcaba, con el empecinamiento híbrido de Chacón (mitad socialista mitad nacionalista), etc. Esta calorina no es el mejor clima para hacer el debate que el partido necesita, que un partido que tenga que hacer una oposición responsable necesita. Por ello no hay tal debate. Sólo se discute si los apéndices de Zapatero seguirán controlando el proyecto socialista, o si los viejos roqueros (felipismo) retoman el control del proyecto.
Aunque la ponencia política que se lleve al Congreso sea inmejorable en absoluto se ha debatido de ella. Los aspirantes sólo hacen vagas referencias a viejas imágenes del pasado reciente europeo, de la edad de oro de la izquierda, pero sólo como bandera a la que enganchar sus candidaturas, sin explorar nada más allá de la corteza. Rubalcaba y Chacón, Chacón y Rubalcaba, reivindican la socialdemocracia, porque es la forma más ancha de hablar de socialismo democrático, pero ninguno de los dos dice cómo debe ser en el futuro esa socialdemocracia que, de no ser revisada en profundidad, puede permanecer enterrada en toda Europa para décadas.
Pienso que lo obvian, pero a un congreso federal hay que llevar un programa político. Hubo quien apuntó Socialdemocracia como provisión de servicios públicos de forma sostenible, aunque para ello se precisen sensibles subidas de impuestos; socialdemocracia es retener un aparataje determinado de gestión industrial pública que soporte los vaivenes de las crisis; socialdemocracia es mantener una presión fiscal notable para sostener provisión por desempleo y retiro de los trabajadores con altos estándares de retorno en la renta. Pero ni Chacón ni Rubalcaba, ni Rubalcaba ni Chacón, detallan qué se hará con los impuestos.
El retorno del hijo pródigo (Rembrandt)
 Nunca se puede hablar de un partido reforzado, si en el congreso se limita a cambiar el cartel pero no explora en porqué está postrado y si quiere repetir un proyecto de puente político o recuperar la solvencia mostrada en los cuatro mandatos de González, en los que entraba de cara a los problemas y proponía soluciones aunque no les gustasen a sus electores. Tiene que entrar en parte en territorio de la derecha para competir con ella, pero con la sutileza suficiente como para que la gente no aprecie que planteas las mismas cosas, porque en tal caso prefiere a la derecha conservadora.
Demasiado pronto es el congreso. No porque falten menos de dos semanas, sino porque la militancia y las vacas del partido no han sedimentado qué ha pasado. Es muy fácil decir que ha sido la crisis, pero eso solo esconde la actitud cobarde de no proponer soluciones alternativas compatibles con el electorado de centro, que es quien da y quita gobiernos (lo de IU es una anécdota que morirá si el PSOE gira a la izquierda).
Javier Pérez Rubalcaba representa el pasado, y no tiene las mejores credenciales electorales para un congreso electoral. Pero si se quiere aferrar a un modelo explotado en los ochenta, debe decirlo. Chacón representa la extensión del zapaterismo, la improvisación continua, los bandazos, las sorpresas en la gestión, engullir a IU pero no sobrepasar los 120 escaños, porque el personal ha quedado muy escaldado de Zapatero; ninguna garantía para un país en crisis. España está en crisis, pero no desesperada. El congreso es muy pronto. Se necesita más tiempo para sedimentar una alternativa joven, racional, solvente y que aglutine la bueno de González, que lo tenía, y de Zapatero, que, aunque menos, también lo tenía.  En definitiva, la izquierda necesita algo más solvente.
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