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martes, 25 de octubre de 2011

LA POTENCIA DE LA BURBUJA FARMACÉUTICA.




PSOE,  PP, PSOE, PP  suma y sigue. El problemas de las farmacias, hoy en España, es gravísimo y los grandes de la política excluyen a los licenciados en farmacia de sus programas electorales, para beneficiar a los de siempre como no son potentes y, además, ricos.  

La expresión “burbuja inmobiliaria” se ha convertido en algo usual en cualquier tipo de conversación. Ya sea un bar, una peluquería, un taller mecánico o una tienda de ultramarinos de barrio. Todo el mundo habla de ella y todo el mundo, mejor o peor, sabe lo que es.

Pero hay otra burbuja de la que no se habla. En realidad, de ciertos temas, algunos en España prefieren que no se hable nunca. Pero he aquí que un servidor de ustedes, precisamente por ello, quiere en el día de hoy hablar de esa otra burbuja que afecta a muchas menos personas pero que también encierra otro colosal engaño. Y no sólo por su génesis, sino también por las consecuencias que tendrá. Pero vayamos poco a poco. 

Todo el mundo sabe que España, la profesión de farmacéutico de oficina, de boticario para que nos entendamos, es una profesión reservada a las élites económicas que las heredan cual si de títulos nobiliarios se tratara, así como de algunos trepas enganchados a la política para conseguir su ansiada botica vía concurso ( por poner un ejemplo, ocho de los once cargos colegiales del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza optan al concurso para obtener una nueva farmacia además de la que ya tienen).

Se da la circunstancia de que en España, las boticas, que teóricamente se otorgan por méritos de dudosa objetividad. También se da la circunstancia de que una vez obtenidas ( la mayoría heredadas, como decimos) las boticas, la licencia que las soportan, están perfectamente legalizadas para poder ser ofertadas, compradas, vendidas, hipotecadas….etc como si no se tratara de una concesión administrativa concedida en virtud de méritos profesionales o académicos, sino que se tratara de cualquier otro bien tangible. Lógicamente, hablamos de la licencia, no del local, que no deja de ser un puro bien inmueble, por muchas vueltas que se les quiera buscar. 

El negocio de la compraventa de farmacias se basa, en pocas palabras, en lo siguiente: Como desde la noche de los tiempos, el Estado destina cada año más dinero al pago de medicamentos, y como prácticamente el número de farmacias permanece inalterado por los siglos de los siglos, la consecuencia es que las farmacias, cada año facturan más cantidad de dinero a los servicios públicos de salud. La cuenta por tanto, está clara. Si yo compro una farmacia hoy, de forma que el préstamo que tengo que asumir, me permite pagar la primera anualidad al banco, al año siguiente podré pagarlo igual y me endosaré el incremento de facturación. Esto me hará pasar unos años un poco apretado, pero con el tiempo Y CADA VEZ MÁS, ese diferencial entre el beneficio neto que obtuve el primer año y el beneficio neto de los años sucesivos, irá siendo mayor conforme vaya avanzando el tiempo. 

Así ha sido siempre y por eso nunca, ninguna botica ha cerrado por dificultades económicas. Pero dicen que no hay bien ni mal que cien años dure y miren ustedes por donde, la juerga se ha acabado. El estado recorta gastos y tras años de aumentar márgenes, los reduce. Y es ahora cuando a los farmacéuticos que PREFIRIERON COMPRAR UN DERECHO POR EL QUE OTROS COMPAÑEROS SE ESTÁN DEJANDO LA PIEL no le salen las cuentas. Y no les salen porque esas cuentas fueron hechas partiendo de unas premisas que empiezan a no ser del todo correctas…. “y lo que te rondaré morena cuando  pasen las elecciones, gane el que gane”.

Pero ojo, los farmacéuticos que vendieron sus licencias, tienen el dinero que obtuvieron de la venta a buen recaudo. Es conveniente en tiempos de tribulación económica tener muy en cuenta a qué bolsillo va a parar la pasta cuando se quiere entender con objetividad cualquier proceso económico. 

 Ahora la cuenta no sale. El que vendió ya está quitado de en medio. ¿Qué sucede entonces? En cualquier otro negocio, en cualquier otra situación de la vida, el inversor que vio reducida su inversión, se aguanta. Pero el mundo de la farmacia es distinto. Analicemos los intereses en presencia. ¿Qué conviene a los actuales titulares de farmacia, aquellos que las tienen más que pagadas, la mayoría herederos de sus ancestros o adquirentes de hace mucho tiempo? Principalmente, conservar el valor de sus boticas para lo cual, es necesario que los eventuales compradores tengan un mínimo horizonte de prosperidad. ¿Qué conviene al adquirente reciente? Principalmente que le cuadren las cuentas y poder seguir pagando al banco aunque no coma. Difícil hacer verdadera atención sanitaria en esas circunstancias, y no dejarse influir por lo mercantil frente a lo sanitario, ¿verdad?

Vemos pues que pese a tener distintas prioridades vitales, a ambos conviene en última instancia lo mismo. ¿Qué ocurre entonces? Pues lo que ustedes están viendo a diario en los medios “de masas”. Ocurre que el lobby farmacéutico pone sus dispositivos de propaganda a trabajar a tope, y ocurre que ustedes verán día sí día no en TV, prensa, y oirán en la radio, historias de compungidos y balbucientes farmacéuticos que se presentan a la sociedad, no como cobardes que no supieron, pudieron o quisieron luchar por lo que legítimamente les correspondía, sino como seres que prefirieron comprar un derecho, un título mercantil, por supuesto debidamente travestido y arropado de sanitario. 

Hubo un tiempo en que los dueños de las grandes farmacias, las familias de raigambre farmacéutica que controlan muchas boticas, pusieron a los farmacéuticos rurales a hacerles el trabajo sucio de cara a los medios. Ahora, además, están los farmacéuticos de reciente adquisición, que van viendo que las cuentas no le salen y, además,  sin esperanzas. 

A quienes si le salen, es precisamente a esos tenedores de grandes farmacias, los mismos que controlan la distribución mayorista de gama amplia, los mismos que cohabitan en la peor de las acepciones, con los políticos que bajo el término “regulación”, mantienen restringida una actividad que de suyo no necesita de la restricción en términos sanitarios. Esos son los principales causantes y al tiempo, usufructuarios, de la burbuja farmacéutica. 

¿Y quienes son los grandes perjudicados de esta historia? En primer lugar el contribuyente, que de una forma u otra, tendrá que soportar el reflotamiento de las boticas en crisis. En segundo lugar, el enfermo, que verá que seguirá teniendo un servicio farmacéutico considerablemente inferior al que tendría en régimen de competencia. Y en tercer y último lugar, los miles de licenciados en Farmacia de reciente titulación que, pese a que podrían abrir sus farmacias creando empleo estable y de calidad e incrementar el servicio y calidad de la atención farmacéutica, se ven impedidos de poder hacerlo, precisamente por el contubernio político-mafioso que tienen suscrito los magnates del lobby de las boticas y los políticos encargados de redactar las leyes farmacéuticas.  
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