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viernes, 18 de febrero de 2011


Por una u otra razón y aunque no sea la forma más ortodoxa, “la calle” es la única arma electoral que tienen los ciudadanos  de  países represores o torturadores con “farsas” y mentiras demagógicas. 
Por supuesto que no es los mecanismos democráticos más procedentes; pero, en la práctica si es el más determinante cuando desde arriba se manipula el poder del voto, nace la calle como escenario sustitutivo; es la reacción natural ante la ausencia de lo que debe ofrecer un veraz sistema democrático.
La calle, para bien o para mal, es de todos, por tanto válida como campo de batalla, para dirimir contradicciones políticas.
La política, queramos o no, siempre está presente en la vida ciudadana. De ahí que cuando los frenéticos jefecillos o vividores, dicen: “No hay que politizar …..esto o aquello”, no tiene sentido positivo; ahí, ahí es cuando hay que “atacar” primero, responsablemente y, después, en consonancia con el represor.
 Si lo están haciendo países como Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Arabia Saudí, Bahrein, Venezuela, etc. España, no se puede permitir el lujo de quedar excluida, cuando tenemos razones más que poderosas de atacar; Zapatero, por las buenas no se va, si tiene que haber sangre más pronto que tarde, ¿Por qué, no ahora, YA?

 http://www.youtube.com/watch?v=GZsXnkHycEs&feature=related
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